Carta de Jaime Ignacio del Burgo a José Luis Rodríguez Zapatero PDF Imprimir E-Mail
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Carta de Jaime Ignacio del Burgo a José Luis Rodríguez Zapatero
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Es cierto que en la propuesta de Otegui hay una cierta rebaja de sus aspiraciones maximalistas. Renuncian, y no es poco, a reivindicar aquí y ahora el derecho a la independencia y se conforman con refrendar el acuerdo político alcanzado en la mesa de partidos bajo el eufemismo de que de esa forma se da satisfacción al “derecho a decidir” de los vascos. Esto es lo que  te ha permitido decir en el Congreso que no estás dispuesto a admitir el derecho de autodeterminación, porque sabes que no está ya en la reivindicación inmediata de los terroristas. También es cierto que en lo que a Navarra se refiere Otegui acepta que los navarros podamos mantener nuestro actual estatus, pero siempre que previamente se declare nuestra pertenencia a Euskal Herria cuyo reconocimiento como nación integrada por siete territorios esperan conseguir de una declaración tuya como presidente del Gobierno.

Observamos además inquietantes coincidencias en el terreno del lenguaje. El “conflicto vasco” (expresión típica del nacionalismo) no puede resolverse de un día para otro. “El proceso será largo y difícil”, habéis afirmado casi al unísono. ¿Por qué tiene que ser necesariamente largo? Creo tener la respuesta. En primer lugar, porque no se tiene la seguridad de que toda la banda esté de acuerdo en cesar en la violencia si a su soñada Euskal Herria no se le reconoce el derecho a la secesión. En segundo término, porque hay que dar tiempo a la legalización de Batasuna, a fin de que pueda recuperar el poder municipal perdido y su presencia en las instituciones forales. Por último, hay que esperar a conocer el resultado de las elecciones en Navarra para verificar si puede o no producirse el “cambio político” que es requisito imprescindible para incorporar a Navarra al proceso de paz, sentarla a la mesa de partidos y acordar fórmulas transitorias de asociación con la Comunidad Vasca en tanto en cuanto se llega a la unificación política.

En tus últimas declaraciones te has referido también a la disposición transitoria cuarta de la Constitución. No eres partidario ahora de su supresión porque no quieres añadir “tensión al debate sobre Navarra”. Esta afirmación ha contribuido a aumentar la inquietud de una buena parte de la sociedad navarra. Hubo debate sobre Navarra en 1977, cuando todo estaba por escribir y el pueblo navarro no había tenido oportunidad de pronunciarse sobre las diversas opciones abiertas por la Constitución que, conviene recordar, fue ratificada en referéndum por mayoría absoluta del censo electoral. En 1982, Navarra pactó con el Estado el Amejoramiento de su régimen foral histórico que fue aprobado en el Parlamento navarro por más del 70 por ciento de sus miembros. A partir de entonces, los partidos constitucionalistas y fueristas han alcanzado el 80 por ciento de los sufragios, elección tras elección. El hecho de que haya partidos favorables a la integración en Euzkadi no significa que en estos momentos hubiera ningún debate sobre Navarra. Esta frase ha generado desconfianza. Y cuando la vicepresidenta del Gobierno ha querido tranquilizar a la ciudadanía navarra en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del pasado viernes lo ha hecho en términos confusos, pues no se puede decir que los navarros decidirán su futuro, como si en efecto estuviéramos llamados a pronunciarnos en un próximo referéndum. La inmensa mayoría de los navarros asume la Constitución como marco común de convivencia y considera como instrumento plenamente válido el Amejoramiento, sin perjuicio de las reformas que sus instituciones pudieran decidir y acordar con el Gobierno de la nación. Nadie ha certificado pues la defunción del actual estatus de Navarra, como pretenden los terroristas. Y no se diga que la expresión “decidir el futuro” es aplicable a cualquier comunidad porque sus responsables, ni siquiera los que tramitan en este momento la reforma de su respectivo estatuto, utilizan semejante expresión para justificarla.

Espero que cuando el presidente del Gobierno de Navarra acuda al Palacio de la Moncloa le proporciones información precisa de la situación en que se encuentra el llamado “proceso de paz”,  máxime después de hechos como el atentado de Barañáin y la extorsión a los empresarios navarros, que desmienten a quienes verificaron la autenticidad del alto el fuego.

En los últimos meses he dirigido al Gobierno algunas preguntas sobre todo este asunto cuya respuesta ha sido eludida por los interpelados. Son preguntas que en tu condición de presidente del Gobierno y en algunos casos como secretario general del PSOE debieras responder con toda claridad para que el pueblo navarro –y el resto de los españoles- sepan a qué atenerse.

-¿Está dispuesto el presidente del Gobierno a formular una declaración política reconociendo la existencia de Euskal Herria como nación.

-¿Está dispuesto el Gobierno a aceptar que de esa hipotética nación forman parte la Comunidad Autónoma Vasca, la Comunidad Foral de Navarra y los territorios franceses de raíz vasca, aunque tengan hoy por hoy y por razones históricas regímenes jurídico-constitucionales diferentes?

-¿Está dispuesto el Gobierno a promover o consentir la creación de una mesa de partidos con representantes de todos los territorios que supuestamente pertenecen a la nación vasca para tratar de conseguir un nuevo marco o estatus político que sustituya, modifique o afecte al Amejoramiento del Fuero navarro?

-¿Esta dispuesto el secretario general del PSOE  a autorizar la participación de los socialistas navarros en esa mesa de partidos?

-¿Está dispuesto el presidente del Gobierno a convocar un referéndum consultivo en el País Vasco y Navarra para refrendar el hipotético acuerdo que pueda alcanzarse en la mesa de partidos?

-¿Está dispuesto el secretario general del PSOE a negociar fórmulas de asociación (Dieta, Consejo-vasco navarro o cualquier otro organismo) entre la Comunidad Autónoma vasca y la Comunidad Foral de Navarra?

-¿Está dispuesto el Gobierno a promover la supresión de la disposición transitoria cuarta de la Constitución y a negociar con el Gobierno de Navarra, en paralelo con esta supresión, la modificación de la disposición final segunda del Amejoramiento del Fuero a fin de asegurar que la derogación de la transitoria cuarta no implique disminución de las garantías que aquella contempla para evitar que se pueda alterar en el futuro el “status” constitucional de Navarra como Comunidad Foral, sin contar con la libre y democrática voluntad del pueblo navarro?

-¿Está dispuesto el secretario general del PSOE a autorizar, si el resultado de las elecciones de mayo de 2007 lo permitiera, la constitución en Navarra de un gobierno presidido por el candidato del PSN con el  apoyo de Batasuna  y de otros grupos separatistas?

Voy a terminar con algo que dije el pasado 22 de febrero en el Congreso: “Deseo ardientemente que el presidente del Gobierno venga un día a esta Cámara y anuncie la rendición de ETA sin ninguna contrapartida política, declare que no hay más hoja de ruta que la entrega de las armas, asegure que en el campo penitenciario no habrá más medidas de gracia que las derivadas del arrepentimiento sincero de los verdugos y la reparación efectiva del dolor de sus víctimas y, por último, reitere el compromiso de no negociar ni con los terroristas ni con sus representantes ningún cambio del vigente estatus político, tal y como aprobó este Congreso el 21 de junio de 2005”. En esta tarea tendrás nuestro pleno apoyo. Mas si para conseguir el cese de la violencia se cede a las exigencias de los terroristas en el terreno político, nuestra oposición también será frontal. En lo que a Navarra se refiere tengo absoluta confianza en el pueblo navarro. Resistimos hace treinta años el embate conjunto del nacionalismo “moderado” y del terrorismo de ETA y sin otras armas que las de la razón evitamos que Navarra fuera integrada a Euzkadi por la brava. Resistiremos en esta ocasión con el apoyo, espero, de la mayoría del pueblo navarro. Aunque ahora quienes hemos puesto nuestro empeño en defender la vocación española de Navarra, el derecho a conservar su identidad y la pervivencia de su foralidad histórica,  tengamos ahora la sensación de no poder contar con el aliento del Gobierno de España. Nada me gustaría más que estar equivocado.

Sin otro particular, recibe un cordial saludo,