Carta de Jaime Ignacio del Burgo a José Luis Rodríguez Zapatero PDF Imprimir E-Mail
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Carta de Jaime Ignacio del Burgo a José Luis Rodríguez Zapatero
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Es evidente que con tales pronunciamientos deberíamos estar absolutamente tranquilos. ETA no va a obtener precio político alguno. El diálogo con los terroristas no podrá tener otra finalidad que la de concertar la entrega de las armas y la disolución de la banda así como aplicar si procede medidas de gracia. Luego si se llegara a producirse semejante diálogo con ETA ello sería porque ésta se ha comprometido al fin de toda actividad criminal con carácter definitivo. Esto es, además, lo que se desprendía de las declaraciones de los miembros del Gobierno en el sentido de que lo único que se esperaba era el anuncio de la disolución y cese definitivo de la violencia o como diría de forma gráfica el ex ministro Bono:   “Sólo esperamos que los terroristas vengan con los brazos en alto”.

Sin embargo, las cosas hasta ahora discurren de manera distinta. ETA ha declarado un alto el fuego “permanente”, sí, pero en modo alguno ha expresado su voluntad inequívoca de disolverse pues antes debe darse satisfacción a sus exigencias políticas. Se trata de un alto el fuego sujeto a condición resolutoria. Sorprende por eso que el Gobierno considere que es suficiente con la declaración de alto el fuego y su  verificación por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para iniciar la negociación con ETA.

Por lo menos conocemos con toda claridad qué pretende conseguir ETA. El alto el fuego se ha declarado porque la banda terrorista ha constatado que el Estado español está dispuesto a negociar sobre contenidos políticos, aunque la negociación se lleve a cabo en una mesa de partidos donde Batasuna llevará la representación de la banda terrorista. Para que ETA anuncie su disolución se requiere como cuestión previa, al menos es lo que dicen, el reconocimiento de la existencia de una nación, a la que llaman Euskal Herria, integrada por siete territorios (País Vasco, Navarra e Iparralde). Esta declaración es prioritaria. Una vez conseguido tamaño reconocimiento, aunque sea a nivel de declaración política, la mesa de partidos (sin límites y sin exclusiones) entraría a negociar un nuevo estatus político. Sometido a refrendo de los ciudadanos de Euskal Herria el acuerdo alcanzado, con ello se daría satisfacción al derecho de los vascos a decidir su futuro, concepto equivalente o sustitutivo del derecho de autodeterminación. En cuanto a Navarra, una vez reconocida su pertenencia a Euskal Herria, Batasuna –y por tanto ETA- se comprometerían a aceptar la decisión de los navarros de no constituir por el momento una unidad política, aunque se deberían acordar otras formas de asociación más o menos federativa, como sería la creación de una Dieta o Consejo vasco-navarro, en un “escenario de transición hasta que se dieran las condiciones propicias para “construir un Estado independiente”.

Los terroristas quieren, por tanto, que Navarra figure de manera inequívoca en el centro del llamado proceso de paz. Y a la vista de lo ocurrido para llegar hasta aquí, si la banda terrorista anunciara próximamente de manera más inequívoca su voluntad disolverse nos asalta la duda de si tal decisión no será consecuencia de un pacto previo de carácter secreto donde se habrían concertado los contenidos del acuerdo político final.

Ante esta situación no es de extrañar que en Navarra hayan saltado todas las alarmas. El primero en activarlas fue el propio secretario general del PSN, Carlos Chivite, que al conocer el pasado mes de diciembre la disposición de los socialistas vascos a sentarse a la mesa de partidos propuesta por Batasuna, y de incluir en ella a los socialistas navarros, propuso un pacto político “para el blindaje territorial e institucional de Navarra”. Chivite se había mostrado anteriormente favorable a suprimir la disposición transitoria cuarta de la Constitución y, en otro momento, había propuesto refrendar el Amejoramiento del Fuero. Lo asombroso es que en tres meses los socialistas navarros han pasado de tocar a rebato para “blindar Navarra” a no negar la posibilidad de formar gobierno con el apoyo de todos los grupos nacionalistas, incluida Batasuna, si ETA abandona la violencia y UPN pierde la mayoría absoluta.

Esta claro que los liberticidas que quieren destruir nuestro orden constitucional por la violencia o aprovechándose de ella han levantado bandera blanca pero no para la rendición incondicional sino para ver si firman un nuevo Convenio de Vergara con contraprestaciones recíprocas en el ámbito político.

Arnaldo Otegui, que según tus propias y reiteradas manifestaciones tanto viene haciendo por la consecución de la paz, ha expuesto con total claridad los objetivos de la izquierda abertzale:

-“La clave es incorporar al PSE, al PSN y al PSF a un proceso democrático en Euskal Herria”.

-“El acuerdo que se necesita es reconocer a la nación vasca y su derecho a decidir... Pero la primera fase es un acuerdo sobre territorialidad, capacidad de decisión, identidad nacional, reconocimiento de la nación vasca”.

-“Que un presidente español acepte la existencia de naciones diferentes a la española es sencillamente una revolución política”.

-“Se podrían distinguir dos fases. Hay una primera que entendemos es el objetivo prioritario, que es el reconocimiento de Euskal Herria como nación y, por tanto, como sujeto de derechos políticos. Con éste se supera el conflicto político. Y hay una segunda fase, que es la del ejercicio. Está claro que el ejercicio tiene que ser acordado, teniendo en cuenta las diferentes sensibilidades, relaciones de fuerza, culturas políticas... Se debe hacer sobre el acuerdo”.

-“Es en el actual marco (el Amejoramiento del Fuero) en el que los navarros no pueden decidir. Lo  que nosotros decimos es esto: los navarros tienen derecho de participar en el proceso desde el inicio, tienen derecho a participar en el acuerdo que surja de ahí, y tienen el derecho de decidir cómo quieren estar en ese acuerdo... Si se acuerda la resolución del conflicto eso afecta  a todos los territorios y luego habrá que abrir un proceso sobre el modelo de transición, y en ese modelo los navarros van a decidir cómo quieren estar ahí”.

-“En ese esquema es donde decimos que Navarra es buena parte de la solución al conflicto. Lo que queremos dejar absolutamente claro es que Navarra y su capital es para los vascos lo que Jerusalén para los palestinos, y que nosotros nunca vamos a renunciar a que Iruñea sea la capital del Estado vasco”.

-“Sin Navarra no hay solución, no hay proceso, no hay acuerdo”.

-“La solución al conflicto en Euskal Herria pasa primero por que el Estado español reconozca al país en toda su dimensión, que en este Estado no es de tres territorios, sino de cuatro. Eso es muy importante. En segundo lugar, es evidente que esos territorios deberían ser reconocidos como nación., Y en tercer lugar, debería reconocerse el derecho a decidir de esos ciudadanos. A partir de ahí, ya se lo dijimos a Zapatero en la carta que le enviamos: nadie plantea un escenario independentista para el día siguiente”.

-“Una declaración así abriría condiciones para un futuro diferente en este país. Evidentemente, tendría que ser un Downign Street al estilo español, y hecha por el presidente del Gobierno español, en la que reconociera la existencia de la nación vasca y se comprometiera a respetar lo que los partidos políticos acordáramos en una mesa de negociación”.

“Cuando alguien, que en este caso puede ser el PSN, el PS, el PSOE o el PSF demuestre que tiene la voluntad real y honesta de construir un proceso de resolución del conflicto, hablaremos de un modelo de síntesis” (Otegui entiende como tal alguna fórmula como la Dieta Vasco-Navarra”).

“Lo que decimos es que se tiene que dar un cambio político en Nafarroa, que tiene que estar ligado a su presencia y a la presencia de las navarras y los navarros en el proceso de solución y de diálogo político. El cambio de gobierno no sólo podrá ser real si la formación de ese gobierno se da en un contexto de superación del conflicto”.

Me ha parecido oportuno hacer esta extensa referencia al pensamiento de Otegui porque éste no habla a título personal –como diría José Blanco- sino en nombre de Batasuna y, por lo tanto, de ETA y por ser él quien te hizo concebir la esperanza de un próximo final de ETA en la carta que te envió cuando accediste al Gobierno de la nación. Y no hace falta ser un lince para llegar a la conclusión de que “el inicio del principio del fin de la violencia” pasa por la aceptación como método de la propuesta de Anoeta que, por cierto, coincide básicamente –supongo que por pura casualidad- con la formulada el año 2000 por Chiqui Benegas. Los elogios al papel de Otegui me inducen a pensar que sus propuestas políticas no sólo en cuanto al método sino también en lo relativo a la resolución del “conflicto” han podido ser aceptadas. En suma, me invade la sospecha de que no sólo está preparado el escenario sino que el libreto de la representación ya está escrito hasta el final en línea con los pronunciamientos del portavoz de Bvatasuna.

Tu fijación por el proceso irlandés es otro indicio de una disposición favorable a pagar un precio político por conseguir la paz. (Utilizo esta palabra con cierta renuencia porque los demócratas españoles no estamos en guerra con nadie, pues enfrente de nuestro Estado de Derecho sólo hay una banda de asesinos que aterroriza a la población para conseguir sus objetivos políticos). Hay una gran hipocresía cuando se aboga por dejar hablar a la política y se afirma estar dispuesto a concertar un nuevo marco político para Euskadi si ETA abandona las armas, pues ese nuevo estatus sería consecuencia directa o condición necesaria del cese de la violencia. La constitución de la mesa de partidos ya es en sí misma un pago de precio político bajo el chantaje de los terroristas. ¿Por qué hay que crear una mesa de partidos fuera del Parlamento vasco donde ya funcionó una ponencia para el autogobierno? Pues porque es la única forma de incluir a representantes de Navarra y de los territorios franceses con raíces vascas y dar así satisfacción al inalienable principio de la territorialidad. ETA pretende transmitir la imagen, a través de la mesa, de que hay una nación sojuzgada por los Estados español y francés, para cuya “liberación nacional”  negocian un nuevo marco político fruto del derecho del pueblo vasco a decidir y al margen de la legalidad de los Estados español y francés, que son las potencias opresoras.