Prudencia, calma y serenidad PDF Imprimir E-Mail
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Prudencia, calma y serenidad
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La buena noticia es que ETA, al menos para una buena temporada, suspende su actividad criminal.

Y eso es un alivio para cuantos viven -vivimos- bajo la amenaza del terror. La mala noticia es que después del primer momento de euforia, el comunicado de ETA deja muy poco margen para la esperanza. La banda terrorista pretende poner en marcha un proceso de paz para conseguir un nuevo marco jurídico para Euskal Herria, negociado bajo su tutela. Los Estados francés y español habrán de aceptar el nuevo marco. Hay una referencia, ambigua ciertamente, a la autodeterminación, si bien la última palabra sobre la solución acordada la tendrían los ciudadanos de Euskal Herria.

Para llegar hasta aquí el Gobierno ha protagonizado una peligrosa política de gestos dirigidos a la banda terrorista para convencerles de la aceptación de la propuesta de Anoeta (ETA-Batasuna), como método para resolver «el conflicto vasco». Una política que incluía el reconocimiento de Cataluña como nación, preludio de similar reconocimiento para Euskal Herria y la aceptación por los socialistas vascos de sentarse en la mesa de partidos prevista en la propuesta de Anoeta para negociar un nuevo estatus político para Euzkadi.

Pero hay muchas incógnitas porque el margen de maniobra del Gobierno es muy escaso en el terreno político. ¿Se conformará ETA con una reforma del Estatuto hecha a semejanza del Estatuto catalán, donde no se reconoce el derecho a la autodeterminación? ¿Cómo se va a dar respuesta a la territorialidad, es decir, al reconocimiento de la realidad nacional de Euskal Herria con inclusión de Navarra y de los territorios vasco-franceses? ¿Estarán dispuestos a renunciar a sus objetivos políticos a cambio de la excarcelación de los presos etarras? Recuérdese que ni la autodeterminación, ni la integración forzosa de Navarra en Euzkadi, ni la amnistía general están permitidas por la Constitución. ¿Entonces? ¿Acaso los terroristas sólo pretenden para salir con los brazos en alto alcanzar un sucedáneo de acuerdo político vacío de contenido real? ¿Dónde quedaría en tal caso aquello de que «Navarra es el problema y también la solución»?