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Página 3 de 6 PERFIL BIOGRAFICO Un hombre de bien, sencillo, trabajador y entregado a los demás.
José Javier Múgica Astibia, tenía 59 años, había nacido el 7 de abril de 1942 en 'Kaxeta', una casa situada a cinco kilómetros del casco urbano de Leiza, en un alto cercano al barrio de caseríos de Gorriztarán, un solar hoy ocupado por el hotel Basa Kabi, que regenta un sobrino del edil asesinado. Era el penúltimo hermano de una familia numerosa, hijo de un empleado del Servicio de conservación de carreteras de la Diputación foral y una ama de casa nacida en otro caserío cercano. Pronto salió de casa para estudiar, también para cumplir el servicio militar, donde consiguió su primera cámara de fotos. Desde joven manifestó su vocación por la fotografía, de la que decidió hacer su medio de vida. De esta forma, hace más de tres décadas logró abrir su propio negocio en Leiza, en el centro del casco urbano. Desde el otro lado del mostrador del pequeño establecimiento trataba de buscar la perfección en su trabajo, al que dedicaba tiempo y esfuerzo con la misma ilusión de un principiante. El local está situado a unos 700 metros de su domicilio de la calle Amazabal, donde residía con su mujer, Reyes Zubeldia, y sus tres hijos, Francisco Javier, Daniel y Raquel. Con su cámara al cuello, el concejal leitzarra había inmortalizado un sinfín de aspectos de la vida cotidiana de la localidad. Su cámara captó a casi todos los comulgantes, a muchos recién nacidos, a otras tantas bodas, a familias y amigos en momentos felices. Y sobre todo retrataba paisajes del pueblo que tanto quería y por el que había luchado, de los montes por los que a menudo paseaba, siempre acompañado por su esposa, Reyes, quien en ocasiones le ayudaba en el negocio familiar. Para completar sus ingresos como fotógrafo, José Javier Múgica trabajaba como chófer en la empresa de autobuses Leizarán SL. Se encargaba fundamentalmente de los traslados relacionados con el transporte escolar, necesarios en una localidad con una población muy diseminada, en la que hay un centenar de caseríos distribuidos en distintos barrios. José Javier Múgica, un enamorado de la música, formaba parte de la coral 'Jeiki' de Leiza, una formación compuesta por unos 40 vecinos que a principios de la década de los 80 realizó varias giras por el extranjero, entre ellas Inglaterra e Italia. Una vez que concluyeron las salidas del grupo, los miembros continuaron su labor en el coro parroquial. Múgica era uno de los tenores que destacaba por su buena voz, igual que su esposa, soprano, que también fue integrante de la coral y compartió viajes con su marido. La voz de Múgica hizo que fuera requerido para distintos actos relacionados con la vida social, entre ellos las lecturas de la Semana Santa en la parroquia San Miguel de Leiza. Su afición por la música le animó también a subir al escenario del cine local, en un festival organizado por la escuela de música Aralar en diciembre de 2000, donde cantaron personas de distintos ámbitos de la vida local. Él interpretó una canción de cuna, en euskera, la lengua en la que le gustaba cantar. Católico de fe profunda, no le importaba demostrar su amor a la Virgen a la que dedicó, con una magnífica voz de barítono, el que sería su última 'Ave Maria' en la misa veraniega del balneario de Fitero la víspera de su asesinato. Allí disfrutó los tres últimos días de su vida en compañía de Reyes, su mujer, una guipuzcoana fuerte que después de su asesinato todavía tenía ánimos para darlos a quienes se acercaban a ella para expresarle su dolor y su solidaridad. El concejal asesinado había tenido otra causa altruista por la que trabajar en los últimos años: la ayuda al pueblo saharaui. Él y su esposa fueron los principales promotores de las estancias de niños saharauis en la localidad, de iniciar las campañas de recogida de fondos para estas vacaciones solidarias. La familia Múgica Zubeldia había acogido a uno de los niños en su casa durante todo el verano. En julio de 2001, Múgica participó también, en su doble faceta de concejal y fotógrafo, en la recepción oficial que el Ayuntamiento de la localidad ofreció a la expedición norteafricana. José Javier respetaba a las personas, que para él estaban por encima de las ideas, y por eso tenía siempre un trato afable con vecinos y concejales. Nunca consideró enemigos a sus adversarios políticos democráticos y por eso mantenía una buena relación con la mayoría de sus compañeros de corporación. José Javier Múgica decidió ingresar en las filas de UPN en 1999 y presentarse en las lista del partido regionalista navarro. Su vida cambió radicalmente. Logró un escaño en la corporación municipal y se puso, como tantos otros concejales, en el escaparate en el que ETA selecciona sus objetivos. La banda terrorista lo asesinó el 14 de julio de 2001 cobardemente, con una bomba-lapa colocada en su vehículo, que se encontraba aparcado frente a su domicilio, cuando iba a trasladarse hasta su trabajo.
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