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Página 2 de 6 SU COMPROMISO VITAL  Fuente: Diario de Navarra "Ejemplo de coraje y entrega en defensa de la libertad, trabajó por su pueblo con vocación de servicio a los demás"
La banda terrorista ETA segó el 14 de julio de 2001 la vida de José Javier Múgica Astibia, un hombre con tres pasiones: su familia, la fotografía y la música, además de una vocación permanente de servicio a los demás que le llevó a participar activamente en la vida social y municipal de su localidad natal, y a asumir el duro compromiso, hasta perder la vida en el empeño, de defender la libertad en su propio pueblo, Leiza, en donde estaba gravemente sojuzgada. Era ante todo y sobre todo un hombre de bien. Esposo amante y padre ejemplar, algo de lo que dan testimonio su mujer e hijos. Modesto y esforzado trabajador como fotógrafo de acontecimientos sociales que compaginaba con la conducción de un autobús del transporte escolar. José Javier tenía unas profundas convicciones cristianas, que le hicieron entender y afrontar su vida con una actitud de servicio a los que le rodeaban. Múgica era además un euskaldún (vascoparlante) de nacimiento, y reivindicaba sus raíces culturales vascas sin complejos, desenmascarando a quienes utilizan su lengua materna como instrumento político para la confrontación. José Javier Múgica se presentó en 1999 como cabeza de lista por Unión del Pueblo Navarro en las elecciones municipales. En los días previos a su estreno político reflexionaba sobre las cuestiones más importantes que afectaban a su localidad: "El problema más grave es la falta de libertad, el miedo que existe a expresarse libremente". Criticaba asimismo la imposición del idioma, "tener que hablar, escribir, y mandar todos los escritos oficiales al ayuntamiento sólo en euskera", indicaba Múgica, que hablaba muy bien vascuence pero defendía que se usará también el castellano en la vida municipal. Como concejal le preocupaba asimismo la limpieza en el pueblo y la carencia de empresas que se ubiquen en la localidad, y por tanto la falta de puestos de trabajo. En aquellas elecciones municipales 410 de los 3.000 vecinos de Leiza votaron a UPN, que obtuvo dos concejales José Javier Múgica y Gerardo Caballero. Ganó EH (HB-Batasuna), pero a los violentos les siguió incomodando que UPN tuviera representación y presencia pública organizada en su feudo y las amenazas se intensificaron. En el programa de fiestas de Leiza de 2000, el poder municipal "batasuno" y su entorno tuvo la desvergüenza de incluir una sarta de insultos y calumnias contra José Javier. Lo pusieron en el punto de mira y comenzaron su campaña de acoso y agresión. El 12 de agosto, en plenas fiestas patronales, unos "desconocidos" incendiaron la furgoneta de trabajo del concejal asesinado. Entonces ya mostró su disposición a continuar en el cargo y aunque no sospechó de nadie en concreto si afirmó que la información había "salido del pueblo". Múgica denunció públicamente las amenazas: "En mi casa y en la tienda de fotos han aparecido pintadas con la leyenda "UPN-PP asesinos". José Javier sabía que era un objetivo de la banda terrorista ETA y, sin embargo, jamás renunció a ser un ciudadano más. Unas palabras suyas, realizadas tras ver como ardía su furgoneta en una acción terrorista, resumen el talante con el que decidió afrontar su condición de amenazado: "El miedo en mi casa ha desaparecido. Nos han vacunado totalmente". Amaba a su Leiza natal y dominaba a la perfección el vascuence; el que había aprendido y hablado desde su niñez, para desesperación de sus oponentes políticos, muchos de los cuales tan sólo saben decir "agur". Amaba a Navarra y la quería libre y próspera en su foralidad y en su pluralidad, elementos esenciales de su identidad como pueblo a lo largo del tiempo. Amaba a España, y no le importaba que le insultaran llamándole "español", porque estaba orgulloso de serlo. Amaba la libertad. Y por eso rechazaba la coacción abertzale que padecía Leiza desde que el brazo político de los terroristas se hiciera con el control del pueblo. Para plantarles cara sin otro arma que la palabra decidió encabezar la lista de UPN en las elecciones municipales de 1999. Y desde su puesto de concejal trabajó de forma infatigable en favor de los intereses generales de los leizatarras. Lo asesinaron por todo eso. Por ser euskaldún, por amar a Leiza, por ser íntegramente navarro y profundamente español, por defender la libertad y por preocuparse del bienestar de sus vecinos. Un mes antes de su asesinato impulsó la creación del Comité local regionalista, que preside Silvestre Zubítur, un veterano militante y concejal de UPN en la localidad. No vio hecho realidad un proyecto que le ilusionaba, un local social en donde compartir el trabajo, las inquietudes y también el ocio con el resto de compañeros y amigos. Ellos quisieron rendirle su más sincero homenaje y reconocimiento inaugurando en septiembre de 2001 la sociedad gastronómica y cultural 'Larrea' situada en el popular barrio de San Miguel de Leiza. En las elecciones municipales de 2003, la labor ejemplar de José Javier Múgica tuvo sus frutos, la candidatura local de UPN sumó casi 500 votos y pasó de dos a cinco concejales en el consistorio, logrando, por primera vez, ser la más votada en Leiza. No pudieron acallar su voz ni frenar su incansable labor y lo asesinaron, con la vileza, cobardía y crueldad que define la actuación terrorista de ETA. Sin duda, los asesinos y sus cómplices, serán detenidos y comparecerán ante la justicia. Mataron a un hombre de bien. Pero su ejemplo no ha muerto y sus ideas permanecen. Seguiremos adelante. Ése es el firme compromiso de los hombres y mujeres de Leiza que con él compartían militancia política en UPN. Se lo deben, se lo debemos todos, a José Javier. Porque no podrán con nosotros, ni con Navarra, ni con la libertad.
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